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ORIGEN – ANTECEDENTES HISTORICOS Desde la antigua Roma se dieron los primeros pasos para desarrollar los bancos de inversión. En esa época se formaron grupos de personas que disponían de capitales para llevar a cabo diversidad de proyectos, tales como la comercialización de productos básicos o la compra masiva de insumos. El riesgo que implicaba este tipo de activad era compartido por todos los participantes de la operación. Mas tarde, ocho siglos después, en las ciudades-estados de la Italia medieval, se presentaron los primeros créditos públicos de carácter moderno. Estas operaciones se llevaron a cabo por medio de la emisión de bonos para financiar principalmente la adquisición de tierras. Grandes extensiones de tierra fueron concentradas en manos de inversionistas que contaban con el capital suficiente para adquirirlas, pertenecientes en su mayoría a la aristocracia o a las cortes europeas del momento. Posteriormente, en el siglo XVII, esta práctica se extendió a la consecución de fondos para costear las necesidades militares que requirieron los Estados europeos. Varias guerras fueron financiadas mediante la comercialización de títulos de deuda. La colocación de estos títulos se encargaba, casi siempre, a agentes privados que cobraban una comisión por esta actividad. Poco a poco, y con el ascenso del mercantilismo se inició una etapa más desarrollada de este tipo de operaciones. Familias de banqueros, tales como los Fugger y los Rothschild, amasaron grandes fortunas en la colocación de bonos de deuda para las principales coronas europeas. En este proceso se fueron sofisticando cada vez mas las operaciones, hasta que se llegó al “underwriting” de valores (colocación garantizada de una emisión original de títulos valores). También, con la colocación de estos bonos de deuda se financiaron en gran parte los ferrocarriles de Europa y la explotación de los recursos naturales en las colonias. El riesgo que implicaba este tipo de operaciones corría por cuenta propia de los banqueros, quienes eran los responsables de la colocación de los papeles. Inglaterra, para 1780, contaba con el mercado de valores mas desarrollado del mundo contemporáneo. Allí surgieron algunos agentes llamados “Loan Contractors” quienes se encargaban de adquirir emisiones de títulos para después obtener una ganancia al negociarlos. Estos agentes entraron en conflicto con los inversionistas tradicionales, en su mayoría familias ricas o políticos influyentes. Estos últimos inversionistas tradicionales se vieron desplazados por un nuevo tipo de intermediarios financieros; pues con la manera como evolucionaba y se sofisticaba ese mercado, no solo se requería tener capital disponible, sino también conjugar factores tales como información, inteligencia y dinamismo. Ya por esa época los intermediarios empezaron a reunir estas cualidades en organizaciones dedicadas a ese negocio. Al pasar los años estos intermediarios se consolidaron como organizaciones profesionales que contaban con los conocimientos y además con los capitales necesarios para manejar suscripciones cada vez mayores. Así, se establecieron las primeras operaciones sindicadas o por grupos, a cuyos participantes se les dio por nombre banqueros de inversión. A diferencia de Inglaterra, en donde los “Loan Contractors” suscribían parte de la emisión y luego procedían a revenderla, en la Europa continental la práctica consistía en que el banquero se encargaba de colocar la totalidad de la emisión, recibiendo por ello una comisión. La unificación de los dos modelos en ese momento, Inglaterra y Europa continental, consistió en que los banqueros suscribían la totalidad de las emisiones y posteriormente llevaban a cabo su distribución y venta. Pero la verdadera banca de inversión se estableció, sólo cuando los intermediarios financieros profesionales, fueron los únicos que quedaron manejando el mercado primario para la emisión de nuevos valores. Por otra parte, el desarrollo de la banca de inversión en Europa influyó decisivamente sobre el sector financiero de los Estados Unidos, nuevo mercado participante en el ámbito de los negocios. Y así cuando la guerra de Secesión y la construcción de los ferrocarriles en Norteamérica requirieron de grandes fuentes de financiación, allí estuvieron los bancos de inversión prestos para conseguirla. En el siglo XIX, durante la época del desarrollo industrial se da un inusitado auge de los bancos de inversión en los Estados Unidos y en Europa. Esta expansión se vio estimulada por las necesidades financieras de las recientes creadas sociedades anónimas, destinatario prácticamente “hecho a la medida” para las operaciones de estos bancos. Las grandes empresas que adoptaron este tipo de sociedad, industriales y manufactureras en su gran mayoría, contaron con el instrumento más importante de financiamiento (el capital accionario) y apelaron también al crédito tanto en el momento de la fundación como en su consolidación. Todo lo anterior, lo realizaron con el apoyo de los bancos de inversión, no sólo poseedores de grandes sumas de dinero, sino también conocedores de las otras posibilidades del mercado de capitales. Los bancos de inversión además de servir como puente financiero a las sociedades anónimas, cumplieron un papel muy importante en el desarrollo de la infraestructura de las comunicaciones y de los servicios públicos, especialmente en los Estados Unidos. Allí hicieron parte de las construcciones de los ferrocarriles y de los servicios básicos de acueducto y alcantarillado, gas y electricidad; todo ello mediante la colocación de bonos emitidos por parte de los Estados Federales y las municipalidades. Además de las contribuciones, la apertura de este nuevo mercado, hizo que las grandes casas europeas de banca de inversión establecieran sucursales o se asociaran con entes locales para operar en territorio estadounidense, dando así un paso gigantesco en la internacionalización y la movilización apátrida de los capitales, principio que sustenta el sistema económico mundial actual. Sin embargo, la expansión de este tipo de intermediarios se llevo a cabo en forma casi independiente y dio como resultado que a finales del siglo XIX la banca de inversión de los Estados Unidos se convirtiera en la banca mas avanzada del mundo. A partir de esta etapa se ofrecieron nuevos servicios, tales como la consultoría en materia financiera, asesorías para llevar a cabo reorganización de empresas, fusiones y adquisiciones, y el manejo de inversiones. Además, se crearon los llamados “inversionistas institucionales” tales como las compañías de seguros, los bancos comerciales y los fondos de pensiones, todos ellos ávidos de invertir en bonos y acciones. Otro desarrollo importante que se efectuó por esa época en los Estados Unidos fue el de las operaciones de Underwriting llevadas a cabo por sindicatos de bancos de inversión. Estos grupos de bancos de inversión cumplían cuatro funciones específicas: a) Dar origen a la emisión, determinando qué tipo de títulos se iba a emitir y en qué cantidad. b) Adquirir toda o una parte de la emisión. c) Lograr que los bancos comerciales proveyeran de fondos a los compradores cuando la reventa de los títulos no se pudiera hacer rápidamente, y d) Distribuir y vender los valores emitidos, ya directamente o por conducto de otros intermediarios.
Tomado de el Libro ‘Introducción a la Banca de Inversión', Autor, José Luís Acero Colmenares, Octubre 30 de 1990
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